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Genoveva, y cuando las bodas se contaban por vueltas


Genoveva Hernández Higuero

 

Genoveva Hernández Higuero (1873-1961) nació y vivió en Malcocinado, se casó con Leandro Rodríguez Romero, uno de los 'Pelicanos', vió crecer a 4 hijos (aunque tuvo hasta 13, incluídos 2 partos de mellizos), y llegó a conocer a sus 10 nietos, hasta crió a uno de ellos al quedar huérfano de madre cuando su hija murió en su segundo parto.

 

Puede que no te suene el nombre y que creas que no la conoces de nada, pero quizá te equivoques: si alguna vez te has comido un prestín, una flor o una petaca, posiblemente habrás probado una de sus recetas.

 

Genoveva era dulcera, o dulcera de bodas, para afinar más en el término.

 

 

En unos años en los que los dulces eran algo así como artículos de lujo, propios sólo de ocasiones muy señaladas, unos años en los que, además, no se podían desperdiciar la harina, los huevos y el aceite en un 'a ver cómo me sale', porque lo que salía no se podía tirar y volver a empezar ... en esa época, si tenías que hacer dulces, acudías a quien sabía cómo hacerlos a ciencia cierta, contratabas a una dulcera, y ella los venía a hacer a tu casa.

Y la ocasión más especial para celebrar con dulces era, sin duda, una boda. Porque además, la celebración de la boda era estrictamente eso: los dulces, y si acaso, una copita de aguardiente para acompañar ... muy diferente a las costumbres de ahora, desde luego.

 

En los días anteriores al matrimonio, Genoveva se pasaba por la casa y preparaba todo tipo de dulces, tantos como la familia quisiera, o pudiera permitirse.

Después se disponían en bandejas para presentarlos vistosamente.

Y finalmente, el día de la boda, los invitados se reunían en la casa de la familia, y las más allegadas se colocaban unos elegantes e impolutos delantales blancos sobre sus ropas de fiesta (o si la casa era 'de posibles', se contrataban de fuera), y empezaban a pasar con las bandejas de los duces para que cada uno recogiera los que correspondían a su invitación (éste p'a mí ... y éste p'a mi Pepe o éste p'a mi Lola ... si había que llevar un cestillo para recoger, se llevaba ...), y a la vez contribuyera con el correspondiente regalito para los nuevos esposos, por supuesto, que en eso sólo ha cambiado que no se llevaba 'sobre' ... bueno, ni en eso, ni en que la familia tuviera que estar atenta a los que 'echaban por dos' y 'trincaban p'a cuatro', que la picaresca ha estado siempre a la orden del día, faltaría más.

 

En definitiva, cuánto postín tenía la boda se podía medir fácilmente por las 'vueltas' de dulces que se servían: una vuelta de perrunillas, otra de gañotes, una de piñonates, otra de flores ...

Y a más categoría de la familia, más 'vueltas' de las que hablar al día siguiente ... "¡fue de 6 vueltas, ná menos!" (lo normal eran tres o cuatro) ... 

 

Hoy en día las bodas ya no se celebran en casa, y los dulces los hace casi todo el mundo y con motivo de cualquier ocasión, pero es bueno recordar que no hace tanto, eran los protagonistas de las grandes celebraciones, y que había unas mujeres especializadas en ellos.

 

Genoveva no fue la única dulcera de bodas, claro, aunque sí la más antigua de la que aún se acuerda la gente; pero estuvieron también, por ejemplo, 'la Chavora' (Antonia Hernández, 1875-1964, la única a la que 'le salían' los piñonates), y 'la Conce de Paquillo' (Concepción Grueso, 1906-1984), y más tarde recogió el testigo de Genoveva su nuera, Dolores Hernández (1917-2002).

E incluso hoy, ya sólo como afición, su nieta Isabel sigue dando cuenta del arte de la familia ... aprovechando aquellas recetas, que aunque hoy ya se han extendido por todos sitios, en su caso vienen acompañadas de los trucos y mañas de quien tuvo en ello su profesión ... y conservando además los útiles de oficio de su abuela: el peine, los moldes de las flores, la caña torneá, la caña de freir, la rueda de cortar la masa ... 

 

Moldes de flores Peine y caña Caña y rueda

 

Afortunadamente, recuerdos de otros tiempos que aún tienen cabida en éstos.