Una Web de Malcocinado

Don Adolfo


Don Adolfo

 
 
En mi anterior entrada  "Ya pagará el inglés el vino que bebió", tenía un enlace con otra de mis páginas que me parecía idóneo para la explicación de mis inquietudes. He visto, gracias a mi amigo Antonio Castillo, que pocas personas se han asomado al enlace. Por ello, he decidido reproducirlo.
Esta historia, está íntimamente relacionada con mi anterior entrada. Espero que la disfrutéis tanto como yo al escribirla.
Se cuenta, que en un pueblo de extremadura había un hombre de afinidad política de izquierdas, pero no a la izquierda política actual, sino a la izquierda sentimental, a la buena. Llamábase Rogelio, su esposa, Bernardina. Tenían en común cuatro hijos entre los 3 y los 8 años, mas dos que se habían quedado en el camino. Pasaban estas criaturas mas hambre que un ratón en la plaza de abastos de Malcocinado.
El hombre, se negaba a ir a mendigar trabajo al terrateniente del pueblo "Don Adolfo".
Don Adolfo, todas las mañanas iba en su caballo a la plaza del pueblo, donde lo esperaban todos los jornaleros para ver si ese día tenían suerte y don Adolfo los enviaba a una de sus fincas a dar la peonada.

Bernardina.- Pero hombre, Rogelio, por el amor de Dios, no ves que a tushijos ya no les quedan ni mocos pa comérselos, no ves questán esmallaitos, anda, ve a pedile trabajo a Don Adorfo.
Rogelio.- por tu´muerto Bernardina, no me pida esu, quel´hijoputa ese no me va dal trabajo a mi, que yo se que no comurga con mi forma de sé. y que se, que no me tié aprecio.
Bernardina.- Pero..  halo por tushijos, halo por mí si me quiés una mijina.

Se vio esta criatura tan pillado y diole tanta pena los llantos de Bernardina y los ojos de sus hijos suplicando una migajita de pan, que decidió presentarse a la plaza del pueblo al siguiente día.
A la espera de don Adolfo

Don Adolfo en cuanto lo vio en la plaza.- ¡Hombre!, ¿como tu por aquí?
-Necesito trabajá Don Adorfo, mishijo pasan hambre y mi mujé tamién,
-Pues para que veas que yo no soy lo que tú dices que soy, para que veas que yo no soy tan malo, ni explotador y que tengo buen corazón, te vas a ir a la finca que tengo en los chaparrales, al lado de la casilla hay una suerte con mucho forraje. Coge de la casilla una guadaña y ve segando esos forrajes.
.- Lo que usté mande Don Adorfo, mucha gracia don Adorfo.
.-. Y a ver si en adelante, dejas de tratarme por ahí de explotador.
.- Lo que usté diga don Adorfo, lo que usté mande don Adorfo.
.-Pues venga, a trabajar que el día es corto.
Allá que se fue esta criatura todo felicidad al ver que al menos llevaría pan a su casa, no cabía en sí de gozo, ya se veía a la noche en su casa contándole a Bernardina lo que le había pasado con don Adolfo.
A la hora de estar en el tajo con su guadaña vio venir a don Adolfo en su caballo
Don Adolfo

.- Buenos días Rogelio ¿como llevas el tajo?
.-Mu bien don Adorfo, mire usté, to lo que llevo cortao.
.-Hombreee no está mal, pero digo yo, que ya que vas cortando , digo yo eh, que por qué no te atas una guadaña a un brazo y otra en el otro y aprovechas mejor el tiempo, ¡zas! tajo con una mano, ¡zas!, tajo con la otra.
Le explicaba don Adolfo a Rogelio, haciendo movimientos alternativos con los brazos .
.-Lo que usté diga do Adorfo, asin lo jaré don Adorfo.

Y allí se quedó esa criatura con dos guadañas, una en cada mano, como le había dicho don Adolfo.
¡zas! ¡zas!
Pasada una hora, allá que venía don Adolfo con su caballo:
.-Buenos días Rogelio, como va ese tajo.
.-Pos mire usté don Adorfo to lo que llevo cortao.
.-¡Hobre!, no está mal, algo mejor si que va, muy bien, muy bien. Ves tu como haciéndome caso a mi las cosas van mejor. Para que luego vayas hablando que yo no soy un hombre coherente y dialogante con mis empleados.
.-Lo que usté diga don Adorfo.
Rogelio
.- Pero, digo yo, es un decir, si ya que vas cortando con las dos guadañas, que lo estas haciendo muy bien ¡eh!, que eso hay que reconocerlo y yo te lo reconozco. te atas a los botos dos zachos sin mango que hay en la casilla preparados al efecto y según vas cortando, como te quedan libres los pies, con las zachuelas vas cavando en el terreno y así queda preparado para la siembra.
.-Me paja mi qu´eso es mu difíci don Adorfo.
.-¡Hombre!, no me digas eso, pero si eso es muy simple ¡mira!.
Y allá que empezó don Adolfo, sin bajarse del caballo la sucesión de gestos con manos y pies de como debía hacerlo Rogelio. Una mano para un lado ¡zas!, la otra para el contrario ¡zas!, un pié cavando al centro ¡tras! y tras este el otro pié ¡tras!.
-Ves que fácil es. Y un hombre como tú, curtido en mil batallas no va a saber hacer una cosa tan simple. Mira que yo te tengo mucho aprecio y te lo he demostrado hoy, y yo se, que tu no me vas a defraudar.
-Lo que usté diga don Adorfo. voy a ve como me sale.
-¡Venga hombre!, ¿como te va a salir?, con ganas y un mínimo esfuerzo por tu parte seguro que te sale de lujo, yo, confío mucho en ti y se que lo vas a hacer bien. Y se que lo vas a hacer bien por mi, que he puesto toda mi confianza en tu persona a pesar de como tu hablas de mí.
.-Lo que usté diga don Adorfo.
.- Y no me hables de usted que ya que vamos cogiendo confianza el uno en el otro, es hora de que nos tuteemos.
.-Lo que usté diga don Adolfo.
.-Pues venga que si no con tanto palique no vamos a terminar la faena.
Allá se quedo este hombre con su faena mientras don Adolfo se perdía en el horizonte con su caballo. ¡zas! ¡zas! ¡tras!¡tras!¡zas! ¡zas! ¡tras!¡tras!.
transcurridas un par de horas, nuevamente se presentó don Adolfo.
.-¡Hombreee!. ¿Ves tu como yo no me equivocaba contigo, como haces tu conmigo contando tantas mentiras?. ¡Si señor!, un trabajo bien hecho.
.-Buenos días ¡uf! don ..Adolfo.
.-¿Que te pasa en la voz?
.-Que estoy medio afisiao con la faena.
.-¡Venga hombre!, eso es que tu no estas acostumbrado a trabajar y con cualquier cosita pues te falta el aliento, ya verás tu cuando lleves unos días como esto será coser y cantar.
.-Lo que usté diga don Adorfo.
.-Pero, que digo yo, que ya que lo estas haciendo tan bien, digo yo ¡eh!, si te metieses trigo en los bolsillo y te hicieses unos agujerillos pequeños a medida que vas segando y preparando para la siembra, con un ligero movimiento de caderas y culo, dejarías caer el trigo y quedaría sembrado, con lo que harías una labor excepcional y yo te lo agradecería de corazón, porque eso significaría que la opinión que yo tengo de ti es la correcta. Me demostrarías que no estaba yo engañado. que eres un hombre de bien y trabajador donde los haya, aunque no estés acostumbrado.

Sin bajarse del caballo, don Adolfo volvió a hacer una interpretación de como debía actuar Rogelio  ¡zas! ¡zas! ¡tras!¡tras! ¡iiiin!  ¡iiiin!¡zas! ¡zas! ¡tras!¡tras! ¡iiiin! ¡iiiin!. Semejante interpretación resultaría graciosa si el único espectador no hubiera sido el que habría de repetirla una y otra vez a lo largo de la jornada y quien sabe durante cuantos días.
.-Lo que usted diga don Adolfo
Y allí quedó aquél hombre con su faena ¡zas! ¡zas! ¡tras!¡tras! ¡iiiin!   ¡iiiin! ¡zas! ¡zas! ¡tras!¡tras! ¡iiiin! ¡iiiin!.
Estaba ya a la puesta el sol cuando apareció don Adolfo en su caballo.
.-Mi querido amigo Rogelio, estas hecho un cristo, ¡que manera de galguear y de sudar!, ni que el trabajo que estas haciendo fuese una cosa de fuerzas, se nota que no estas acostumbrado al trabajo, pero no te preocupes que yo eso te lo tengo en cuenta y para que veas que soy generoso contigo y para que no vayas largando por ahí que si soy que si no soy, te voy a dejar que te vayas mas temprano con tu jornalito ganado. Para terminar, solo tienes que limpiar las herramientas, poner unos espantapájaros a lo que llevas sembrado y cuando termines te vas a tu casa y descansas, que para mañana antes que salga el sol te quiero aquí, por ser tu, no tendrá que ir a la plaza, desde ahora mismo ya tienes la peonada para mañana. ¡ea! hasta mañana. ¡Ah! y yo creo que hoy te he dado una lección de amistad, a pesar de todas las infamias infundadas que tu has hablado de mí.
.-Looo.. que usté diga.. don.. Adorfo.
Mientras nuestro querido amigo Rogelio terminaba su jornada,  el ditero volvía a pasar por su casa  como en tantas  otras ocasiones frustradas a cobrarse parte de la dita.
.-Pero, Bernardina, déjate caer con algo, aunque sean cincuenta céntimos.
.-Jace mas de un siglo que no veo yo una perra chica, cuanto mas 50 céntimos.
.-Pues, hoy no me voy yo sin cobrar algo. Además, que sepas que ya ni pan te doy.
.-¡Ui no!, no me jaga eso Abelardo, por tos tu muerto Abelardo.
.-Pos dame argo, tu sabes que siempre te querio.
.-No, como va a se asina, no me jagas eso.
.-Enga, si naiden se va a enterá.
.-Dios mío, si sentera mi mario nos mata, pero sea por er pan de mishijos.
Y allí que se enfrascó en faena el Abelardo el ditero y nuestra querida amiga Bernardina.
Estando los anteriores en revuelco y empuje, se presentó sin previo aviso nuestro desgraciado amigo Rogelio.
-¡Ay Bernardina!, ques´tas jaciendo. ¡Ay que cru ma grande ma caio, ¡ay!, ¡ay! ¡ay!.

.-Perdóname mi amó, mi cielo. Perdóname, lo jacia por nuestros shijos, por su pan.
.-Sí, si yo ya te perdonao. Pero, lo que mimporta es que se entere don Adorfo, queste cabrón cuando lo sepa me pone dos cantaros en los cuernos y quiere que riegue la siembra.