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La caza (I)


En dos partes, reproducimos aquí dos extractos de un tema interesante para muchos habitantes de los pueblos y ciudades de España, pues no en vano cuenta con casi dos millones de licencias de caza y pesca. En ellos, se tratan varias cuestiones referidas a la propiedad de los animales y a la práctica de la caza en nuestro territorio, según se prescribía en la Ley de 1902 (hoy día están vigentes la Ley 1/1970 y una más por cada Comunidad Autónoma)

Los textos están extraídos del Tomo I de El abogado popular, obra escrita por Pedro Huguet y Campaña y editada por Sucesores de Manuel Soler en Barcelona sobre 1910. Se trata de un compendio de consultas prácticas de derecho civil, canónico, político, mercantil, penal y administrativo “para ser aplicadas a los actos sociales de la vida” que, en gran parte, han quedado desfasadas por el cambio de las costumbres, de las pautas y convenciones sociales y por las leyes que el propio paso del tiempo obliga a adaptar a los cambiantes modos de vida.

La transcripción es textual, pero no literal, esto es, todo lo reproducido lo es tal como viene en el libro, pero no es el texto completo, pues ocuparía bastantes más páginas y no aportaría mucho más de lo esencial que aquí intentamos trasladar. Se han suprimido, además, algunos pasajes poco significativos y se resaltan breves notas de interés. Las cuestiones están dispuestas en forma de consulta y respuesta, con lenguaje sencillo y comprensible, y contienen ejemplos de conflictos y litigios corrientes en la vida diaria tanto de la ciudad como del medio rural y de cómo solucionarlos sin tener que llegar a la vía judicial.

 

Ver artículo siguiente (continuación) en La caza (II)

Puedes encontrar también estos dos artículos en La Revista de Feria 2016.

 

CLIENTE. Para que uno se haga dueño de una cosa, ¿es siempre menester que adquiera su propiedad por medio de una donación, o de un contrato, o de un testamento?

ABOGADO. No siempre, pues hay también maneras de adquirir legalmente sin tales requisitos, y una de ellas es la simple ocupación de las cosas, o sea su material apoderamiento.

 

C. Pues eso me parece una gran injusticia, porque así tendremos que si uno se apodera de una cosa mía, ya habrá adquirido derecho de propiedad sobre ella.

A. Nada de eso. La ocupación, para producir los efectos que le he indicado, ha de recaer sobre una cosa que no pertenezca a nadie, pues de lo contrario el apoderamiento no sólo sería ilegal sino que constituiría delito contra la propiedad. 

De ahí se infiere que únicamente se adquieren por medio de ocupación las cosas apropiables que por su naturaleza carecen de dueño, como los animales que son objeto de la caza y de la pesca, los tesoros ocultos y los bienes muebles abandonados.

 

C. Pues a propósito, yo soy aficionado a la caza y desearía saber lo que hay preceptuado respecto a semejante materia.

A. El derecho de caza se encuentra definido en la vigente Ley de 16 de mayo de 1902 y Reglamento de 3 de julio de 1903 (1) (2)

Malcocinado - Buitres leonados  Malcocinado - Burro

A efectos de la caza, la ley divide los animales en tres clases:

  • Primera: Animales fieros o salvajes, los que vagan libremente y no pueden ser cogidos sino por la fuerza, como los leones, los monos, los osos, los jabalíes, los ciervos, las zorras, las águilas, los milanos, las liebres, las codornices, los tordos, las becadas, los jilgueros, los loros, etc.
  • Segunda: Los mismos indicados animales que, siendo por su naturaleza fieros o salvajes, el hombre los ocupa, reduce y acostumbra.
  • Tercera: Los animales que nacen y se crían ordinariamente bajo el poder del hombre, como las aves de cría y de corral, los gatos, los cerdos, los carneros, los caballos, etc.

 

C. ¿A qué viene esa clasificación?

A. Sirve para señalar cuáles son los animales que pueden cazarse y cuáles no. Solamente pueden adquirirse por medio de la caza los animales de la primera clase, los fieros o salvajes que están en libertad.

 

C. ¿Y los demás?

A. Los de la tercera clase, los animales mansos y domésticos, pertenecen siempre a la persona que los tienen en su domicilio, de modo que, aunque se escapen o extravíen, puede dicha persona en todo tiempo reclamarlos de cualquiera que los retenga, con tal de que abone los gastos que su alimentación haya causado.

Los de la segunda clase, los animales amansados o domesticados, son siempre de la persona que los ha reducido a esa condición, mientras se mantienen en ella. Pero si se escapan, recobrando su primitiva libertad, pasan a ser del primero que les echa mano, si el dueño que los amansó deja transcurrir veinte días sin reclamarlos.

 

Malcocinado - Abeja

C. Sáqueme Vd. de una duda. De mucho tiempo, acostumbraba posarse en un árbol de mi propiedad un enjambre de abejas cuyos panales yo recogía. Sucedió cierto día que un vecino, aprovechando la ocasión de que las abejas volaban por el campo, se apoderó de ellas y las encerró en una colmena para su exclusivo provecho. ¿Puedo yo reclamárselas o pedirle indemnización?

A. No. Como las abejas son animales fieros y salvajes, mientras su dueño no las haya encerrado, cualquiera puede apoderarse de ellas, de la misma manera que cualquiera puede apoderarse de los gorriones que vuelan, por más que hayan hecho nido en nuestra propiedad.

 

C. ¿Y no podré hacer ahora lo que antes hizo conmigo el vecino, esto es, quitarle las abejas si salen a rondar por el campo?

A. Tampoco. Pues como el vecino ya las ha encerrado, han pasado a la categoría de animales domesticados. Por tal motivo, si se escapasen del vecino, éste tendría derecho a perseguirlas entrando en cualquier predio ajeno, pero indemnizando al dueño de éste el daño causado. Únicamente si dejase pasar dos días sin ir en persecución de las abejas podría ocuparlas y quedarse con ellas el poseedor del terreno donde han ido a parar.

 

C. Sucede que las tales abejas entran en mi huerto, chupan de las flores más lozanas que encuentran y luego se vuelven a la finca del vecino, dejando mis plantas y árboles hechos una lástima.

A. En este caso, puede Vd. acudir judicialmente contra el dueño de dichos animales, exigiéndole que le indemnice los daños que le hayan causado.

Malcocinado - Conejo 

C. Voy a otra pregunta. Tengo una cría de conejos, los cuales se me han escapado del conejar, pasando al patio de otro vecino mío. Pídolos, y éste se resiste a entregármelos; ¿es lícita su negativa?

A. No habiendo mediado por parte de dicho vecino ningún artificio ni fraude para atraerse los conejos, suyos son desde que han entrado en su casa, y, por consiguiente, si se los niega a Vd., en su derecho está. Lo mismo sería si se tratase de peces o de palomas. En cambio, si por medio de fraude, o de algún ardid o artificio, el vecino hubiese atraído a su casa los peces, los conejos o las palomas de Vd., habría cometido delito de hurto.

 

C. Si ha mediado fraude o artificio no lo sé, pero él se excusa diciendo que los ha cazado.

A. Excusa inútil, pues si bien por cazar se entiende todo arte lícito y todo medio legal de buscar, perseguir, acosar, aprehender o matar para reducir a propiedad no sólo a los animales fieros sino también a los amansados, es con la condición precisa de que éstos hayan dejado de pertenecer a su dueño por haber recobrado su primitiva y natural libertad. No siendo así, no hay caza, sino delito de hurto o robo, según las circunstancias.

 

 

Malcocinado - Encinar 

NOTAS

(1) La observancia de la Ley de Caza está a cargo de la Guardia Civil y Guardería forestal que ejerce vigilancia en el campo y despoblado, y de los Guardas jurados particulares y Ayuntamientos.

(2) En sitio muy visible de los Gobiernos Civiles, Diputaciones Provinciales, Ayuntamientos, puestos de la Guardia Civil y Estaciones de ferrocarril ha de estar expuesto un ejemplar de la Ley de Caza.

 

Paco Hernández


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